My work of Yemen in the CNN
This week I have been commissioned to film a profile clip for Jennifer V. Pereira
Redux Agency is syndicating my story on Change Square in Sana´a and my story on IDP´s in Aden, South Yemen.
The collective book New York Edited, Twelve Stories from the City in which my story New York Fear Inc in included is presented in the prestigious Photobook SLAM in Berlin.
Una canción no puede empezar una revolución. No creo que una canción pueda empezar una revolución. Ni tan siquiera creo que una canción pueda prender la chispa que haga explotar la dinamita. Pero si estoy mas que convencido que una canción puede alimentar el cambio. Puede dar la energía necesaria para continuar. Alimenta a la bestia que se encargará de acabar con sistemas dictatoriales terribles. También puede servir para soñar. A la pregunta de ¿que es lo que queréis conseguir? ¿como os imagináis el futuro? Se podría responder perfectamente con un verso de Bob Dylan.
En Yemen casi nadie conoce a Bob Dylan, muy poca gente sabe lo que pasó en los años sesenta, incluso no existe el termino canción protesta. Pero todo el mundo conoce a Mohammed Al Adrai y todo el mundo sabe que Mohamed Al Adrai protesta. Y protesta diciendo verdades y utilizando la ironía en cada una de sus canciones. En una de sus canciones mas conocidas canta que no hay mejor música para bailar que el ruido de las balas. Propone vivir sin miedo. Y el conoce muy bien el miedo. Como cantante, poeta, actor y activista ha sufrido todo tipo de amenazas por parte del antiguo régimen que cayó hace tan solo 4 meses después de 30 años aterrorizando Yemen. Castrando cualquier conato de libertad. No permitiendo soñar. Y cuando se trata de soñar, el mejor aliado son las canciones de Mohemmed al Adrai.
No es un artista maldito, le gusta el pueblo y estar en contacto con el. Todos los jóvenes saben donde vive. En un pequeño hotel destartalado de Change Square, la plaza donde hace un año un grupo de estudiantes comenzó la revolución y que hoy es un campamento de tiendas que se extiende 7 kilómetros, vive Mohammed al Adrai. Subo al cuarto piso, habitación 407. Abren la puerta y me encuentro con una habitación pequeña, el piso cubierto de hojas de Qhat y cuatro amigos de Mohammed escuchando música. Mohammed sentado en una cama. Cualquiera que quiera hablar es bienvenido. Le pregunto si puedo hacerle una entrevista. Me dice que me siente, que me ponga cómodo. Sus amigos se ríen. Saben que con Mohammed las conversaciones son largas. Me quedo hablando con el casi 3 horas. No se cansa de repetir que hay que cambiar las cosas y que no hay nada mejor para hacer pensar a la gente que una buena canción o un poema. Es un idealista al que siguen multitudes. Cada concierto suyo en Change Square congrega a miles de jóvenes. Eso si, no siempre Mohammed puede actuar en Sana´a, es habitual que el gobierno corte la luz de la ciudad antes de cada concierto suyo. Pero no se cansa. No pierde la paciencia y sabe que al final van a acabar ganando.
Mad city blues es una colección de postales de una ciudad que podría ser cualquier ciudad del mundo. Es un amanecer en blanco y negro. Un día en el que te levantas en una habitación de hotel que casi nunca es el Chelsea Hotel y te miras confuso en el espejo mientras te arrepientes de haber dejado pasar esa oportunidad. Mad city blues es una canción que todavía no se ha acabado de componer, es un disco de Leonard Cohen, una canción de Quique González y un poema de Bukowski. Mad city blues es la camarera que te sirve el primer café mientras espera que hables con ella, es atravesar la ciudad en moto a toda velocidad. Es ver como se despierta la ciudad y querer parar el tiempo, disfrutar del ajetreo de los ciudadanos que caminan solos, en silencio, cabizbajos y sonreír porque sabes que todos están pensando que el día que les toque la lotería va a ir a trabajar su padre. Es un amanecer nostálgico como las canciones de Joaquín. Es una ciudad que cabalga cada mañana a ritmo de blues. Mad city blues es agarrar el último tren, romper con todo sabiendo que lo que nos espera fuera tiene que ser bueno. Una última oportunidad en la vida. Mad city blues es firmar los papeles de divorcio con una vida que no es la nuestra y no mirar atrás. Es un ladrón de guante blanco sin identidad y sin pasado pero con ganas de más.
Soy una voluntad con grandes dosis de ansiedad
e inseguridad
Camino por el tiempo, por su leyenda
Un sindios que se niega a decir adiós
a mi juventud, a esa que nunca llegué.
A ese beso que no dí.
A esas venas abiertas en canal donde la sangre,
en vez de irse,
entra.
Balada del hombre delgado. ¿Quién es Mr. Jones? Te escuché por primera vez cuando tenia 17 años. Estaba amaneciendo y llevábamos toda la noche bebiendo. Subimos una montaña y alguien puso una cinta con esa canción. Sonó Like a Rolling Stone. Aluciné. ¿Qué había hecho toda mi vida sin esa canción? Fue tal la ostia en mi cabeza que solo la entendí cuando Bruce Springsteen la describió diciendo que el golpe de batería con el que arranca la canción era como si derrumbaran de una patada la puerta de nuestra imaginación. Se trata de eso, de liberar la imaginación. Me hablaste de faquires, de tragasables, de camellos ceñudos y de gatos siameses. Me sentí identificado con lo arrastrado del estribillo. Dices que hiciste un pacto con el diablo y que no sabes de donde venían esas letras. Que quizá no eran de este mundo. Y con esa poesía que soltabas, capaz de enlazar todas las palabras del diccionario a la vez en una sola frase. Retorciendo significados. Rompiendo sentidos. Catarsis aporreando la maquina de escribir. Caminado por calles donde hace frio. Mirando las ventanas donde la luz de una habitación hace sospechar que hay vida mas alla de esta calle desnuda. Y muchos mundos dentro de este mundo. Y nuchos mudos en este mundo. Y cantas para que los mudos pongan tus discos y se expresen dándole al play. La primera vez que te vi fue en un quiosco. Vendian una colección de rock y el disco Highway 61 estaba allí esperándome. Yo tenia 11 años. Ni siquiera pregunte a mis padres si me lo compraban. Lo quería pero sabia que no era el momento de pedirlo. Hasta tal punto me ha influido después de conocerlo que me pregunto cómo hubiera sido mi vida si ese disco hubiera llegado a mis manos siendo yo tan pequeño.